La forma «correcta» de hacer las cosas

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¿Existe «la forma correcta» de hacer las cosas? ¿»LA» forma correcta?

Piénsalo…

¿Una SOLA, ÚNICA, PERFECTA E INAMOVIBLE forma de hacer las cosas…?

Pues por lo visto sí… O eso pensaba una vocecita en mi cabeza cuando esta mañana me he puesto a sacar una cosa de una caja, con una sola mano, teniendo la otra ocupada, y, en vez de buscar la solapa de la caja para abrirla (que me era más difícil acceder a ella), me he puesto a sacar lo que quería por un agujero que tenía en la parte superior, haciéndolo un poco más grande. Todo con una mano.

«Qué zafia, Laura, mira que no hacerlo BIEN…», me ha venido a la cabeza…

Zas! Se me ha activado el autoacecho como si hubiera sonado una campana.

«DIn! Din! Din!» «Ojo, ¿qué es ‘hacerlo bien’?«, me he preguntado.
«De LA forma correcta», me ha respondido esa canónica voz, muy juiciosa ella.

Se refería a: dejando las cosas, usando las dos manos, moviendo la caja y abriendo la solapa… («claro», remarca esa voz, porque para esa parte de mí es OBVIO que ésa es LA forma correcta), pero ¿de dónde venía esa «voz»? ¿ese juicio que me llamaba «zafia» por no hacerlo «bien»? ¿quién había determinado que ésa era «la forma correcta»…?

Si lo importante era que consiguiera lo que en ese momento necesitaba, con la mano que tenía libre, para ahorrarme tiempo y un viaje, ¿no estaba eso ya «bien»?

Que sí, que podría haber apoyado un momento lo que tenía en la otra mano y haberlo hecho con las dos y haber abierto la solapa… ¿pero qué determina que eso sea más «correcto» que lo que yo he hecho? La cosa es que, por algo tan tonto como sacar una cosa de una caja con las prisas, me he «comido» un juicio y un reproche a mí misma, por «no hacerlo bien». Y lo importante aquí no es el hecho, o la caja, o la situación en sí, lo importante aquí para mí es la reflexión a la que me lleva: ¿cuántos juicios de éstos me estoy «comiendo» sin darme ni cuenta? Y ¿de dónde vienen? Porque es algo aprendido… No venimos al mundo con un manual bajo el brazo de «cánones y preceptos de LA FORMA CORRECTA de hacer las cosas».

Todo esto parece una chorrada. pero ¿sabes la cantidad de energía que se pierde en un reproche así? Porque, también sin darnos cuenta, suele haber una parte de nosotros que responde a ese juicio justificándonos!! Y, si no, que levante la mano quien NUNCA haya tenido un diálogo interno de este tipo. Aparte de que refuerza el hecho de que «no somos buenos», o «válidos» y mil mierdas más, cada vez que no hacemos las cosas «bien», con un goteo constante.

Esto me recuerda una frase que escuché hace millones de años a Louise Hay en una de sus cintas (de cassette, sí, imagina). Ella explicaba que en no sé dónde habían hecho un estudio en el que se había determinado que había 250 maneras de lavar los platos. Imagina, 250. Casi nada… Y ella decía algo como que si en algo tan tonto como lavar los platos ya hay 250 maneras de hacerlo, imagínate en todo lo demás. ¿Cuál sería LA forma correcta entonces? Sólo sé que hay 250 formas de lavar los platos pero tú «estás cargando mal el lavavajillas», me apuesto lo que quieras… ¿te suena? jajaja! 😜

La cosa importante aquí, o al menos para mí, es ser consciente de los latigazos del juicio interno que nos llevamos sin ni siquiera olérnoslo (porque, de este tipo de juicio que hoy a mí me ha activado la campana, tenemos miles al cabo del día que nos pasan absolutamente desapercibidos). Lo bueno es que, aunque a veces se nos escapen, podemos parar y empezar a replanteárnoslos.

¿Qué es hacer «bien» algo? Si consigues un fin y la forma de lograrlo no daña ni perjudica a nadie, ni a ti ni a otros, ni va en contra de la seguridad o la vida, ni es amoral o ilegal… ¿no estaría ya «bien»? Si el hacer «bien» algo implica llevarlo a cabo de una forma muy detallada, concreta o algo así, te puedo asegurar que esa «forma correcta» de hacer las cosas es algo decidido por alguien… y probablemente no seas tú.

Ahora cuéntame, ¿sabes «LA» forma correcta de hacer algo? Te escucho…

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