Cuando nada funciona

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Sé lo frustrante que es intentarlo todo y que parezca que nada funciona. Sabemos cómo comer bien, qué hacer para dormir mejor, cómo descansar, organizarnos, hemos visto vídeos para gestionar el estrés, la ansiedad… pero seguimos dando vueltas en la rueda de hámster, en un bucle infinito de sentirnos mal, de no lograr cambios, de que nada funcione, o que mejore un poco para seguir igual.

Y es que nuestra historia no está en nuestra cabeza, nuestra sanación no está en «saber más». Últimamente me encuentro con gente en sesión que sabe un montón de cosas, sobre creencias limitantes, sobre la herencia de los ancestros, pensamiento positivo y mil cosas más, incluso sobre la energía. Es maravilloso ver cómo la información sobre ciertas cosas se ha generalizado, algo que algunos vivíamos como un tabú 20 o 30 años atrás, porque si hablabas de ciertas cosas parecía que hubieras salido de Raticulí (refencia viejuna, lo sé, es que una ya tiene una edad…).

Pero también me encuentro con que le falta cuerpo a esa información, con que no sirve de nada lo que sepa cuando yo me siento igual, cuando reacciono igual ante lo que me pasa, y encima eso me frustra más… «Con todo lo que sé, ¿por qué me veo otra vez ahí?»

A mí también me pasaba, ni sé los libros que pude llegar a leer, de todo tipo, y la información que pude llegar a consumir para entender lo que me ocurría y por qué me sentía como me sentía. Y cada vez me frustraba más y entendía menos. Hasta que mi cuerpo hizo acto de presencia, con un burnout brutal, de los de verdad, no esa banalización del término que suele ir seguida de una frase del tipo «necesito desconectar dos días». Un burnout de los que te deja seca, muerta en vida, incapaz de pensar en 6 meses y del que ya nunca vuelves a ser igual.

La cosa es que no tiene por qué ser tan radical, ésa es mi historia, nada más. Pero lo que me enseñó es que nuestra historia está en nuestro cuerpo, en nuestra energía, y es desde ahí donde podemos sanar. Y entonces toda esa información se destila en nosotros, y cada cosa ocupa su lugar, como un puzzle en el que vas encajando las piezas.

Si nada te funciona, observa si estás poniendo cuerpo en tu proceso o si sólo es algo de cabeza… porque puede que ésa sea la clave para aquello que necesitas sanar.

Y, si necesitas ayuda, silba… 😉

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